Viaje en Navidad por Alemania – Una crónica

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Llegamos a Munich, y uno de nuestros compañeros nos anunció que estábamos ya en territorio bávaro. Los bávaros cuentan incluso con su propio lenguaje. Ya he estado aquí en diferentes ocasiones, y cada vez lo encuentro más interesante y moderno. Si vas en grupo en un viaje como éste, creo que sería una gran decisión, pues es una experiencia que se disfruta aún más compartiéndola (como casi todas, por otro lado sea dicho). Para algunos componentes era su primer viaje por estas tierras, y resultó un placer ver sus reacciones ante todo lo que íbamos viendo.

En este lugar se fabrica alta tecnología. Vimos montones de concesionarios y fábricas de coches al pasar. Por cierto, las condiciones de trabajo en estas fábricas tienen fama de ser excelentes. Paramos en un sitio con un árbol de navidad centenario, decorado con más de dos mil velas.

Nuestra cena de bienvenida en Haufbrauhous fue un delicioso aperitivo. Por supuesto, no pudimos dejar de tomar unas buenas cervezas. Despúes, salimos a ver esos pueblos de cuentos de hadas que abundan en la región. Pocos países celebran la navidad con tanta pasión como Alemania. Llegamos a Neuschwanstein, donde montamos a caballo y visitamos su famoso castillo (del estilo Disney, ya sabéis). He visto ya montones de castillos por todo el mundo, pero éste en particular, con su estilo gótico-medieval es absolutamente increíble. Se construyó en 1869, y permanece en excelente estado de conservación. La tremenda subida merece la pena, ya lo verás. Al parecer, durante el verano, es visitado por miles de turistas a diario. En invierno, su belleza aumenta aún  más si cabe. El Rey Ludwig II diseño para él mismo este impresionante, extravagante y caro castillo, aunque no pudo disfrutarlo por mucho tiempo: al parecer se suicidó –o le mataron, cualquiera sabe.
castillo alemania neuschwanstein


También paramos en Oberammergau. Sus casas de madera están pintadas rememorando a cuentos clásicos: “Hansel y Gretel”, “Caperucita roja”… Después fuimos a Nuremburg. Algunos del grupo fueron al Museo del Juguete, otros al Museo de las Torturas, aunque yo preferí acudir al mercado de navidad más grande del mundo. Todo un festival de motivos navideños: árboles gigantes, caballos con campanillas, cientos de estanterías repletas. No pude resistirme a unas bananas de chocolate blanco, panes de frutas, uvas glaseadas, cerditos de mazapán, entre otras muchas golosinas del estilo. El aroma a azúcar impregna el ambiente como en el sueño de un niño. ¡Difícil resistirse a comprar sin parar!

En Rodenthal fuimos a la fábrica de Goebel y, aunque pensé que me aburriría de lo lindo, me encantó ver sus preciosas piezas. Más de 700 artistas han creado sus delicadas figuritas desde el año 1871 hasta la actualidad. Se les paga por pieza y, ante el menor error o tara, se debe destruir. Los artistas mejor pagados son los “pinta caras”. Muchos llevan años dedicándose a esto sin parar. Y no es fácil alcanzar su nivel sublime. Impresionante visita ésta.

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Ya en Alemania del Este, fuimos a ver la Confitería de Lauenstein, una fábrica de chocolate-praliné que estaba a tope de trabajo en esas fechas. Tienen una fuente de chocolate de la que puedes probar… delicioso, de verdad. Un pueblo que me encantó fue Rothenberg, con solo 2300 habitantes. Nuestro Hotel Prince estaba dentro de las murallas fortificadas. Es un ambiente que te transporta hacia los tiempos medievales casi sin darte cuenta. Me compré una “bola de nieve”, dulce por el que este pueblo es muy conocido. Con chocolate, fresas y mantequilla de canela… riquísimo.

Nuestro viaje acabó en Heildelberg, con una entrada a su famoso castillo, y no menos famoso barril de madera gigante. A estas alturas de las vacaciones, ya sabía que sería un viaje que no olvidaría nunca, casi como si hubiese vivido un sueño. Sé que algún día volveré por Navidad, eso es totalmente seguro :)

Estoy seguro que vivirás cosas increíbles si te decides a viajar en navidad por Alemania. Yo te lo recomiendo de todo corazón ;)